El pedido de libertad condicional de Fernández Gez me devolvió a la familia de Pedro Valentín Ledesma. Su padre conservaba la bicicleta de cuando era chico. Todavía esperaba saber dónde lo habían dejado.
Leí que Miguel Ángel Fernández Gez pidió la libertad condicional y me acordé de Segundo Ledesma.
Hace más de diez años participé en la realización de Bicicletas Perdidas, una producción del programa de televisión El Oficio de Vivir sobre la desaparición de su hijo, Pedro Valentín. Marcelo Alcaraz hizo las entrevistas y escribió el guion. Con Gustavo Ortuvia llevamos adelante la realización audiovisual. Estuve ahí, escuchando a esa familia.
Mientras escribía esta nota encontré el contenido en mi computadora. Lo comparto completo en mi canal de YouTube: Bicicletas Perdidas. Ahí están los padres, los hermanos y otros integrantes de la familia hablando de Pedro, de cómo era y de lo que les pasó después.
Segundo había guardado la bicicleta que su hijo usaba de chico. Quería arreglarla para un bisnieto que también se llama Valentín, ponerle el nombre de Pedro y que pasara de uno a otro. Que no la tiraran ni la vendieran. «Me gustaría que la conservaran para toda la vida», decía.
A Pedro Valentín lo detuvieron el 20 de septiembre de 1976. Era maestro rural y estudiante de Pedagogía en la Universidad Nacional de San Luis. Dos días después, Segundo fue a buscarlo a la Comisaría Segunda. Carlos Esteban Plá, entonces subjefe de la Policía provincial, le comunicó que quedaba libre.
En el programa, Segundo cuenta que había llegado con un amigo. Llevaba su bicicleta cargada en la camioneta. Al amigo le ordenaron retirarse. A él no le permitieron dejarla en la dependencia ni usar el teléfono para pedir un taxi. Salió caminando con Pedro, llevándola a un costado.
A pocas cuadras los interceptaron y volvieron a secuestrar a su hijo. Segundo reconoció a Plá entre los hombres del operativo. Regresó a la Policía para denunciarlo. Fue la última vez que vio a Pedro.
Vuelvo a esa caminata, a las cuadras que hicieron juntos después de salir de la comisaría. Segundo había ido a buscar a su hijo y ahora lo tenía al lado. Debían llegar a su casa.
En las entrevistas también aparecen los libros que Pedro acomodaba en los estantes de la pieza. Su hermano recuerda que elegía dormir arriba de la cucheta para aprovechar la luz y leer. Hablan de los actos escolares, de los mates, de su manera de acompañar y ayudar.
Pedro daba clases en la escuela rural del paraje El Recodo. La familia cuenta que hacía parte del camino en colectivo y después recorría varios kilómetros. Se había comprado unas zapatillas abrigadas. Un día volvió con alpargatas rotas porque aquellas se las había regalado a un alumno que llegaba a caballo, con frío. Pedro era ese hijo, ese hermano, ese maestro.
El 12 de marzo de 2009, el Tribunal Oral Federal de San Luis condenó a prisión perpetua a Fernández Gez, Plá, Víctor David Becerra, Juan Carlos Pérez y Luis Alberto Orozco. Gez, que estaba al mando de la estructura represiva en San Luis, fue condenado como autor mediato de la privación ilegal de la libertad, las torturas y el homicidio de Pedro Valentín Ledesma. Plá y Becerra fueron condenados como coautores de esos crímenes. En 2015, Gez recibió una segunda perpetua.
Su pedido de libertad condicional se conoció mediante un edicto publicado el 12 de octubre de 2026 en el Boletín Oficial provincial, según informó DePolítica. El Tribunal Oral Federal de San Luis lo comunicó, por disposición del juez de Ejecución Alberto Daniel Carelli, para que las víctimas y sus familiares pudieran conocer la solicitud y manifestarse.
Al volver a Bicicletas Perdidas encontré la respuesta de Segundo sobre la primera condena. Le habían preguntado si estaba contento. «No estoy contento», respondió. Explicaba que habría sido distinto si alguien le hubiera dicho dónde habían enterrado o dejado a su hijo, si hubiera podido ir a buscar sus restos.
En una noticia de marzo de 2009, el portal Periodistas en la Red recogió las palabras de Dominga, la madre de Pedro Valentín. Había escuchado el veredicto desde una silla de ruedas. «Yo quería los huesos de mi hijo, para ponerlo donde merece estar», dijo. Habían llegado al juicio y escuchado las condenas. Todavía necesitaban que alguien dijera dónde buscar.
En abril de 2015, Guillermina Ledesma, hermana de Pedro Valentín, escribió una carta a los 29 imputados de otro juicio por delitos de lesa humanidad en San Luis. Les pidió información sobre los restos de su hermano. Quería que sus padres pudieran saberlo. Para entonces, la familia llevaba casi cuarenta años sin una respuesta.
En 2022, la Universidad Nacional de San Luis reconoció a Segundo Ledesma y a Dominga Zanglá con una mención especial por su lucha. Segundo estuvo allí para recibirla. Dominga había muerto sin recuperar los restos de Pedro Valentín.
El viernes 23 de octubre de 2026, la Justicia Federal de Córdoba anunció ocho nuevas identificaciones de personas desaparecidas. Los restos habían sido recuperados en Loma del Torito, dentro de la Guarnición Militar La Calera, en las inmediaciones del excentro clandestino La Perla. La noticia pertenece a otra causa. En Córdoba, algunas familias empezaban a recibir la respuesta que Segundo y Dominga habían esperado durante décadas.
Entre las personas identificadas estaba Mónica Protti de Guillén, nacida en Río Cuarto. Era maestra, egresada de la Escuela Normal Justo José de Urquiza, y estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba. Tenía veinticuatro años cuando la secuestraron junto con su esposo, Enrique Daniel Guillén, el 21 de septiembre de 1976.
Su hermana Susana habló con Telediario, de Río Cuarto. Contó cuánto le había costado aceptar la posibilidad de recibir apenas un pequeño resto de Mónica. Cuando ocurrió, pudo darle otro sentido al hallazgo y agradeció a quienes habían trabajado para encontrarla. Su padre ya había muerto. Su madre tiene 98 años y, según explicó Susana, ya no puede comprender plenamente la noticia.
Mónica tenía veinticuatro cuando se la llevaron. Su madre llegó a los noventa y ocho esperando.
Para llegar a esa certeza hicieron falta excavaciones, estudios antropológicos y cotejos genéticos realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Hay personas que estudian el terreno, recuperan fragmentos y los analizan. Hay familiares que aportan muestras de sangre. Cincuenta años después, siguen buscando.
Encontrar puede dar una certeza, permitir una sepultura, una despedida, un lugar al que ir. No devuelve los años ni nos permite decidir desde afuera cuándo termina el dolor de una familia.
Gez tiene derecho a presentar una solicitud y la Justicia debe resolverla conforme a las normas aplicables. Tuvo abogados, pudo defenderse y recibió dos condenas a prisión perpetua. La democracia debe garantizar esos derechos. También debe seguir buscando a quienes el Estado hizo desaparecer.
En el contenido que recuperé quedó Segundo junto a la bicicleta de su hijo. Quería arreglarla para un bisnieto. Que siguiera en la familia.
Dominga quería los restos de Pedro para ponerlos donde merecía estar.
Murió sin poder hacerlo.

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