Hoy abrí una vieja billetera y encontré un billete de tres pesos cubanos con la cara del Che. Lo conseguí hace un par de años en La Habana.
En una calle, un hombre que andaba pidiendo dinero se me acercó con ese billete. Se lo ofrecía a los argentinos. Supongo que sabía por qué.
Yo tenía pesos cubanos de mayor valor, pero él quería dólares. No le puso precio al billete del Che: dejó que el valor lo pusiera yo. Vi el número tres y le di tres billetes de un dólar.
Había estado en la casa donde creció el Che, en Alta Gracia, y en la que habitó en La Habana. En Cuba vi pobreza y vi alegría. Vi gente que seguía defendiendo al Che y otros que lo cuestionaban en voz baja. Y vi su cara en todas partes: en las paredes, en las remeras, en las gorras. Se vendía.
Después averigüé cuánto valían esos tres pesos. Casi nada. Para aquel cubano, en cambio, mis tres dólares servían.
Hoy, al encontrarlo, lo busqué en internet. En Mercado Libre había uno parecido, de 1986, publicado a cien mil pesos argentinos. No sé si alguien paga eso.
Aquel cubano se quedó con mis tres dólares.
Yo todavía tengo sus tres pesos.

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