A veces medimos la vida por los recuerdos. Otras, por quienes gobiernan. En San Luis, esa segunda cuenta tiene apenas tres nombres.
Nací en 1970. Mis primeros recuerdos son pocos y dispersos. El Mundial de 1978. Algunas imágenes sueltas de una infancia que todavía no entendía el país en el que vivía.
Mi memoria política, en cambio, empieza en 1983. Tenía trece años cuando volvió la democracia. En mi casa casi no se hablaba de lo que pasaba afuera. Como a muchos jóvenes de aquella época, me afiliaron al peronismo antes de que pudiera preguntarme qué significaba realmente esa palabra. Con el tiempo me fui de ahí.
Hoy tengo cincuenta y seis años. Entre aquellos trece y estos cincuenta y seis transcurrieron cuarenta y tres años de mi vida. Toda mi adolescencia, mi juventud, mi madurez y buena parte de mi adultez.
En ese tiempo, los años hicieron su trabajo. El mundo, el suyo.
Llegó Internet. Llegaron los teléfonos celulares. Llegaron las redes sociales. Llegó la inteligencia artificial. Cambió la forma de trabajar, de comunicarnos y de informarnos.
Pero mientras el mundo se aceleraba, el mapa del poder en San Luis permanecía casi inmóvil.
Durante ese mismo período, la provincia fue gobernada, casi sin interrupciones, por tres gobernadores: Adolfo Rodríguez Saá durante dieciocho años, Alberto Rodríguez Saá durante dieciséis y Claudio Poggi, que hoy acumula casi seis años de gobierno.
Nunca me había detenido a hacer esa cuenta.
Entonces advertí que mis recuerdos podían ordenarse no solo por los puntos fuertes de la vida —los primeros trabajos, la llegada de los hijos, las pérdidas, las reinvenciones—, sino también por el sello de quienes ocupaban la gobernación.
Gran parte de mi existencia transcurrió bajo los mismos nombres.
No escribo esto para juzgar ni para calificar. Es, simplemente, un dato.
Pero hay datos que, cuando uno los mira con un poco más de atención, dejan de ser números y empiezan a convertirse en preguntas.
¿Qué le hace el paso del tiempo al poder?
¿Y qué le hace un poder que permanece durante tanto tiempo a una sociedad?
Yo tardé cincuenta y seis años en hacer la cuenta. La pregunta es cuánto vas a tardar vos.

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